El Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial ofrece una radiografía contundente del momento que atraviesa el planeta. En un contexto marcado por la competencia entre potencias, la fragmentación geopolítica y la aceleración tecnológica, el reporte advierte sobre un entorno internacional crecientemente inestable, con impactos directos en las economías, las sociedades y los esfuerzos por avanzar hacia el desarrollo sostenible.
De acuerdo con el informe, la confrontación geoeconómica se posiciona como el principal riesgo global en el corto plazo. Este fenómeno, asociado al uso estratégico de herramientas económicas en medio de rivalidades políticas, amenaza las cadenas de suministro, la estabilidad financiera y la capacidad de cooperación internacional. A ello se suman los conflictos interestatales y el deterioro del entorno económico, con una mayor preocupación por la desaceleración y la inflación.
El Informe también revela un aumento significativo de los riesgos sociales y tecnológicos. La información falsa y la desinformación escalan posiciones entre los principales riesgos, alimentando la polarización social y debilitando la confianza en las instituciones. Al mismo tiempo, crece la inquietud frente a las consecuencias adversas de la inteligencia artificial, especialmente por su impacto potencial en los mercados laborales, la cohesión social y la seguridad.
Aunque los riesgos medioambientales pierden relevancia relativa en el corto plazo, el informe es claro en señalar que siguen siendo los más graves en el largo plazo. Fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y cambios críticos en los sistemas terrestres encabezan el panorama a diez años, recordando que la crisis climática continúa siendo un factor estructural que agrava otros riesgos económicos y sociales.
Entre los principales riesgos globales identificados por su gravedad se destacan:

Durante la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, realizada del 19 al 23 de enero de 2026, el Informe de Riesgos Globales fue uno de los principales marcos de referencia para las discusiones entre líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil. Si bien la agenda estuvo fuertemente marcada por la confrontación geoeconómica, los conflictos interestatales y la fragmentación global, el componente medioambiental siguió ocupando un lugar central en los debates estratégicos, especialmente por su carácter estructural y su capacidad de amplificar otros riesgos económicos y sociales.
En este contexto, los riesgos ambientales, aunque relegados en el corto plazo por las tensiones geopolíticas, fueron reconocidos como los más graves a diez años, en línea con lo advertido por el informe. Fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y alteraciones críticas en los sistemas terrestres fueron señalados como amenazas persistentes para la estabilidad global. En Davos también cobró relevancia la crisis del agua, posicionada como un eje transversal que impacta la seguridad alimentaria, la salud pública, la producción energética y el desarrollo económico, reforzando la idea de que la agenda climática no puede separarse de las discusiones sobre resiliencia y crecimiento.
Los periodistas y comunicadores deben enfrentar los riesgos globales de 2026 con estrategias de cobertura responsable, análisis contextual y herramientas contra la desinformación. La clave está en fortalecer la verificación, diversificar fuentes y comunicar con claridad para reducir la polarización.
Estos son algunos consejos que extendemos desde la Red de Periodistas:
- Conectar los riesgos globales con realidades locales: Traducir conceptos como confrontación geoeconómica, crisis climática o pérdida de biodiversidad a ejemplos concretos que afecten a comunidades, economías y territorios específicos. Esto ayuda a que las audiencias comprendan que no se trata de debates lejanos, sino de dinámicas con efectos directos en su vida cotidiana.
- Explicar las interconexiones entre riesgos: Evitar cubrir los riesgos de forma aislada. Mostrar cómo los riesgos ambientales agravan los sociales y económicos —por ejemplo, cómo los eventos climáticos extremos inciden en la inflación, la migración o la seguridad alimentaria— refuerza una lectura sistémica, clave en el Informe de Riesgos Globales.
- Contextualizar los horizontes de tiempo: Diferenciar claramente entre riesgos de corto, mediano y largo plazo. Explicar por qué los temas geopolíticos dominan la agenda inmediata, sin perder de vista que los riesgos ambientales siguen siendo los más graves a diez años, permite una narrativa más equilibrada y responsable.
- Usar datos del informe sin reproducirlos de forma acrítica: Priorizar los hallazgos más relevantes y acompañarlos de análisis, voces expertas y contrastes regionales. El informe debe ser una herramienta de referencia, no un listado de cifras descontextualizadas.
- Evitar el alarmismo, sin diluir la urgencia: Comunicar la gravedad de los riesgos con un lenguaje preciso y basado en evidencia, evitando tonos catastróficos que puedan generar desinformación o fatiga informativa, pero sin minimizar los desafíos.
- Incorporar diversidad de fuentes: Complementar las voces institucionales del Foro Económico Mundial con perspectivas de científicos, organizaciones sociales, comunidades locales y expertos independientes, especialmente en temas ambientales y de justicia climática.
- Vincular los debates globales con soluciones y decisiones: Destacar no solo los riesgos, sino también las rutas de acción discutidas en Davos: políticas públicas, compromisos empresariales, innovación tecnológica y cooperación internacional. Esto fortalece una cobertura orientada a la acción.
- Reforzar el rol del periodismo como mediador: Asumir el papel del periodista como traductor de la complejidad global, facilitando una conversación pública informada que contribuya a la toma de decisiones y al fortalecimiento del desarrollo sostenible.
Las conversaciones en Davos evidenciaron, además, las tensiones entre la urgencia de la transición energética y las prioridades de seguridad económica y geopolítica. Mientras algunos líderes defendieron la expansión de energías renovables como vía para reducir riesgos a largo plazo, otros subrayaron la dependencia actual de los combustibles fósiles, reflejando un escenario de decisiones complejas y, en ocasiones, contradictorias. Este panorama refuerza el llamado del Informe de Riesgos Globales 2026 a no perder de vista los desafíos ambientales, incluso en un mundo dominado por la competencia, y subraya la importancia de una comunicación periodística que conecte estas discusiones globales con sus implicaciones locales y regionales.
En este escenario, el periodismo cumple un rol fundamental. Informar con rigor, contextualizar los riesgos y explicar sus interconexiones resulta clave para fortalecer la comprensión pública y promover un debate informado.
Desde la Red de Periodistas por el Desarrollo Sostenible, el llamado es a profundizar la cobertura de estos temas, traducir la complejidad del informe en narrativas accesibles y contribuir a una conversación pública que impulse la cooperación, la resiliencia y la acción colectiva frente a los desafíos globales. Así mismo, desde la Red los seguiremos acompañando, por medio de formación continua, acceso a guías y documentos, con el fin de abordar estos desafíos y poder construir una comunicación sostenible más responsable y comprometida.

